En las décadas de los 70 y 80, las canchas de fútbol paraguayo no solo eran escenarios de goles y pasiones, sino también de personajes únicos que le daban color a la hinchada. Entre ellos, uno de los más queridos y recordados fue Rubén, más conocido como «Kure râi» (Diente de Chancho, en guaraní), un joven con una personalidad tan singular como entrañable. – (Foto captura de pantalla de Facebook).
«Kure râi» vivió gran parte de su vida en el barrio Stroessner (hoy San Pablo) y también en Las Mercedes, donde era conocido por su simpatía y su inocencia. Aunque tenía una discapacidad mental, eso no le impedía ser parte de la vida cotidiana del barrio. Jugaba al fútbol con los muchachos, quienes lo querían y lo incluían en sus partidos. «Era bueno y todos le queríamos», recuerda un amigo de la época.
A pesar de que algunos lo llamaban por su apodo, a él no le gustaba que le dijeran Kure râi—prefería que lo llamaran por su nombre, Rubén. Sin embargo, el mote se popularizó tanto que quedó grabado en la memoria colectiva del fútbol paraguayo.
Kure Raí era un personaje icónico en los estadios. No era malabarista ni jugador, pero su presencia era inconfundible. Iba de cancha en cancha, a veces con la camiseta de Cerro Porteño—su club de corazón—, otras veces con la de Guaraní o incluso de otros equipos.
Uno de sus gestos más recordados era perseguir a los Jueces de línea durante los partidos, haciendo como si les «tirara algo» al público, lo que generaba risas entre los espectadores. También solía simular que manejaba un camión, incluso llevando una tacuara entre las piernas como si fuera el volante.
Kure Raí tuvo incluso su propia columna en el diario Patria, titulada «La Opinión de Kure râi», aunque se cree que alguien más la redactaba. Su popularidad era tal que los jugadores de la época lo conocían, y algunos, como José Alfonso y Arrua Escobar, eran sus amigos.
Lamentablemente, su vida terminó de manera trágica. Falleció en un accidente de tránsito en los años 90, luego de ser atropellado por un vehículo. Su muerte dejó un vacío en las gradas, donde ya no se volvió a ver a ese hombre que, con su singular manera de ser, le dio alegría a tantos aficionados.
Foto captura de pantalla de Facebook Kure Raí no era solo un personaje pintoresco; era un ser humano noble, querido y respetado por quienes lo conocieron. Su historia nos recuerda que el fútbol no solo se trata de resultados, sino también de las personas que lo viven con autenticidad y pasión.
Hoy, desde las gradas del cielo, seguro sigue alentando a su amado Cerro Porteño o a cualquier equipo que necesite un poco de magia. ¡Descansa en paz, Kure râi!
¿Lo recuerdas? Si tienes alguna anécdota de Kure râi, compártela en los comentarios. ¡Mantengamos viva su memoria! ⚽💙
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